Gacelas y humanos
Ser una gacela es no parar nunca de correr para no ser devorado.
Ser un hombre es acomodarse y convertir la perversión en normalidad.
No tener tiempo. No pensar. Apagar el despertador, ducharse con agua caliente, preparar el desayuno, correr hacia el metro, trabajar cuatro horas, comer en media hora, trabajar otras cuatro, coger el metro, mirar la luna, llegar a casa, besar al compañero. No tener tiempo. Tirarse en el sofá, respirar, encender la televisión. No pensar.
Ser humano sin ser porque ya están los otros siendo por mí, teniendo tiempo por mí, pensando por mí.
Quiero cuestionar el mundo porque no voy a poder cambiarlo. Quiero gritarle todos los días, protestar, evidenciar, criticar, no estar de acuerdo, preguntar, preguntar: ¿De dónde viene esta carne? ¿De qué está hecha esta camiseta? ¿dónde? ¿quién le ha cosido los botones? ¿qué tipo de empresa es el supermercado donde compro? Desmenuzar la ideología que me cuelan, la realidad manipulada, el comportamiento que debo tener, lo que debo decir, lo que tengo que pensar, lo que tengo que consumir, porque lo necesito. ¿Qué necesito?
Las gacelas no descansan para no ser atacadas por los depredadores. Nosotros vivimos en el absoluto confort. Bueno, nosotros los del primer mundo, el 20% de la población del planeta, el resto se muere de hambre, de inanición, de explotación o de violencia.
A los violentos, los piratas, los terroristas, los que se inmolan, los asesinos… ¿qué les llevará al abismo? La desesperación. ¿Alguna vez habéis estado desesperados?
Cambiar exige un esfuerzo. A veces muy pequeño. Pero podemos empezar directamente con la conciencia. Darnos cuenta. A lo mejor eso lleva después a un cambio. Ahora ponemos tres bolsas de basura en la cocina para reciclar, cerramos el grifo cuando nos enjabonamos o lavamos los dientes o reutilizamos el papel escrito por una cara para no desperdiciarlo. Antes no caíamos en esas cosas, era muy engorroso, pero la conciencia de que el planeta se muere (los datos objetivos muestran que a este ritmo la Tierra no tiene recursos para el consumo que hacemos de ella) ha conseguido introducir estos cambios insignificantes en lo cotidiano pero de suma importancia a gran escala.
No tenemos tiempo.
Lo que hacemos no va a servir para nada.
Por eso, ¿para qué vamos a hacer?
Tenemos tiempo.
No tienen quienes trabajan quince horas para subsistir.
Nosotros tenemos tiempo y responsabilidad.
Las revoluciones se hacen por necesidad pero siempre con gente que tiene tiempo para pensarlas.
Yo quiero darme cuenta.
Reconocer las mentiras de los medios, la intencionalidad de cada palabra, cada imagen y cada sonido, No obviar lo que no me cuentan, lo que queda detrás de las cámaras, los planos que se proyectan en lugar de otros, las intervenciones sesgadas en los políticos según la cadena que te lo cuenta. Recordar que lo que no me enseñan también existe y que cada minuto están pasando cosas ahí fuera. En el desierto del Sáhara, donde vive Mohamed o Hamudi, donde no tienen agua, ni luz, y comen de la ayuda humanitaria, donde hay más de cincuenta grados en verano, donde no nos dejan llevar medicamentos. No olvidar los contextos, la historia de lo que sucede. ¿Qué no me cuentan? ¿Por qué pasa eso? ¿Qué más hay?
Me quedo con la campaña de Mediamark no para comprarme un portátil nuevo, sino para posicionarme delante del sistema: “Yo no soy tonta”
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Todas esas dudas que expresas, y que muchos nos hacemos, en realidad también forman parte del sistema. Porque nuestro sistema es tan perfecto, está tan seguro de sí mismo, que hasta permite la disidencia. En Corea del Norte ya estarías en un campo de trabajo por hablar así, pero en Europa o Estados Unidos no importa (a nadie, en realidad, le importa lo que digas tú o lo que diga yo).
Las palabras no mueven ya nada. A lo sumo conmueven, que es como un escalofrío en el que uno se abraza a sí mismo.
Puedes ser gacela o no, somos libres para elegir qué sentir o pensar. Yo me alegraría de que lo fueras. Sin embargo, no olvides que las gacelas desbrozan la sabana, aplastan las hierbas y pisotean cualquier animalillo que se les cruce. La justicia es un invento exclusivamente humano que nunca funcionó demasiado bien.
Besitos espesos.
Rafael - Noviembre 21, 2009 at 2:22 pm