Posted by: Cabaret on: Octubre 8, 2008
Anoche vi la ciudad desde un mirador al que hacía tiempo que no subía. Debería volver más. El lugar es mágico y con la oscuridad y el resplandor de las farolas las figuras se llenan de claroscuros y los sonidos se vuelven más perceptibles. Hasta cuatro veces nos pidieron tabaco y fuego. “No fumamos, lo siento”. Y a nadie parecía importarle. Al revés, nos daban las gracias como si en realidad nosotros hicieramos bien y ellos mal. O esa fue mi impresión en uno de los gestos divertidos de los tipos que suele haber por allí, que cantan, bailan, tocan la guitarra y hasta se visten de flamencos.
El Albaicín es así: un micromundo a parte del ajetreo de la Granada más moderna y comercial. Suele pasarme con mi ciudad (como con otras tantas cosas) que recorro los mismos sitios, entro a las mismas tiendas y olvido todo lo demás. La de rincones e interpretaciones distintas que se pueden hacer de los lugares, es increible. Y apasionante.
Con una compañía excelente, redescubro mis orígenes.
Pasa muchas veces con los sitios, princesa. Que están ahí y no les vemos la magia, o al menos no toda la que esconden hasta que de repente, según qué compañía surge en ellos y de ellos algún matiz nuevo. Y esos momentos si que son mágicos. Cómo me alegro (ya lo sabes…como si me hubieras…:(… aunque te pierdas por esas callejuelas niña jiji.Besitos
Uy, el mirador de San Nicolás. Un lugar mágico, sí. Y la última vez que estuve allí fue contigo
Octubre 8, 2008 a 6:02 pm
Es una ciudad increíble para vivir.Y preciosa.Y a veces es verdad que nos olvidamos de que es una suerte vivir aquí