Ayer fue un día para apuntar. Martes y trece. Ni había caído hasta que comencé a vivir sucesos cuanto menos curiosos.
De camino al trabajo me encontré a tres personas en diferentes calles. La primera, a la que menos intención tenía de ver, las dos siguientes personas de siempre.
A media mañana entrevisté a un chico al que le cortaron una pierna tras extirparle un tumor oseo en la tibia a los quince años. Su vitalidad, optimismo y buen humor me dio toda una lección: “Tras meses y meses de operaciones para intentar eliminar la infección que se me produjo con la primera intervención, decidí prescindir de la pierna. Hice una lista de lo bueno y lo malo de vivir con un trozo de carne siempre infectado y vivir sin él. Ahora ni siquiera quiero una prótesis. Yo soy así y me siento muy ágil con mis muletas”. El chico es batería y trabaja en una orquesta que va de gira en verano por los pueblos de toda España. Su pasión por la música le hacía el hombre más feliz, seguramente, de al menos la habitación en la que estábamos.
Por la tarde firmaba mi contrato de alquiler. Mi hermana dijo de comer conmigo, acercarse a la inmobiliiaria y desde allí ayudarme con la mudanza. Al llegar y presentarnos mi hermana exclamó: “¡Enrique! ¡pero si es mi dentista!” Y lo era. Y el dueño de la inmobiliaria, además, resultaba tener un piso en el bloque de mi madre y ser pariente del casero-dentista, quien nos llevó en su coche, que estaba asegurado en la agencia de mi cuñado, hasta el piso para enseñárnoslo a todos. Al rato recibí el mensaje más esperado de la semana proponiéndome un encuentro, que tuvo que posponerse porque yo, precisamente, estaba de mudanza.
Y por la noche la llamada más inesperada vino a perturbar mi cena, agitar mi corazón y removerme de nuevo la nostalgia, la pena, el cariño y otras tantas cosas más difíciles y extensas de describir.
Ayer fue martes y trece. El día de la mala suerte. Justo un mes después de mi cumpleaños y como también dijo mi madre: “El día de la Virgen de Fátima”. Si siguen pasándome estas cosas tendré que empezar a rezarle a la virgen, a San Judas Tadeo y a yonosecuantos santos más a los que invoca mi madre. Porque al final, sean como sean las circunstancias, siempre se portan.
Tonteando por algunos flickr de la gente he topado con Lisboa. Un tropel de recuerdos ha nublado mi corazón y un puñado de nombres propios ha pasado ante mis ojos recordándome sus despedidas. Cuando las hubo. ¡Tanta gente ha pasado por mi vida y tan poca se ha quedado!
No tengo amigos de la infancia con los que evocar aventuras, ni compañeras del colegio que me hablen de su matrimonio. Apenas dos o tres personas del pasado continúan en mi presente: una del instituto, dos de la carrera, Erato desde que nací, Galimay siempre. El resto entró en mi vida y salió como si de un café se tratase. A veces me pregunto si mi manera de ser: directa, clara, sincera… invita más a alejarse que a quedarse.
Con los años algunas canciones vuelven a tener el mismo sentido y vienen a resumir lo que sientes por ejemplo este domingo día cuatro a las seis de una tarde plomiza parecida a las de agosto. A primeros. Y la palabra agosto también vuelve a tener el mismo sentido y a remover sentimientos igual igual que antes. Cuando el otro era otro. La tristeza se parece pero no llega a ser la misma porque tampoco yo lo soy, ni el día, ni el mes, ni por supuesto tú. Todo tan parecido y tan distinto que vuelvo a pensar de nuevo en el ser humano; los átomos; la insignificante levedad del ser; el espacio; las montañas y lo inconsistente.
El otro día charlaba con una persona sobre diversos temas existenciales: ecologismo, política, religión, moralidad… Su punto de vista me gustaba no sólo porque tenía las ideas muy claras, sino porque además parecía coherente con su tipo de vida. Y eso hoy día es toda un proeza.
¡Cuántas personas se me vienen a la cabeza que van con una idología o tendencia que a poco que las conoces nada tienen que ver con lo que dicen que son! Siempre lo he dicho, quien va de algo es porque en el fondo no lo es y tiene que parecer que lo es para poco a poco creérselo. Pero eso es así. Por eso tantos frustrados…
Pero era otro tema el que quería comentar.
En la conversación salió el tema de los medios, la información y lo que es noticia. Entonces yo le decía que era increíble, que a diario (en serio a diario) leía artículos sobre pederastas, violencia machista, hijos matando a padres, padres disparando a hijos, etc, etc.
Y su perspectiva me sorprendió: “La muerte no es noticia. Ahora mismo miles de personas sufren por pérdidas de seres queridos. Las noticias son lo que afecta a la sociedad entera, aquello que te hace decir: ‘¿pero que coño está pasando?!’ que alguien asesine a otro no es nada novedoso, pero que millones de personas estén a unos kilómetros más abajo muriéndose de hambre y sida eso sí es una noticia. O el montón de guerras que llevan años desarrollándose y de las que no tenemos nidea. Entre otros muchos temas de corrupción, soborno, abuso… Nos venden la moto con las noticias y nosotros tragamos”.
Me he quedado dormida viendo Hanna y sus hermanas, más por cansancio que por aburrimiento.
He descubierto dos contracturas en mi espalda, he recibido un masaje inolvidable y he descubierto una sencilla manera de hacer un ambientador natural: infusión de albahaca y Hierbabuena para humidificar el ambiente con un flifli.
He leído unos diez o doce poemas burlescos del Dr. José María López Sánchez y me he renamorado de él, como el primer día que lo conocí, pongamos hace tres semanas.
Me he mojado con la lluvia al ir en bici al trabajo.
Y hoy, me marcho al aeropuerto en pocos minutos a recoger a mi hermano que vuelve de África.