Una canción para compartir porque hoy estoy un poco triste…
Posteado por: Cabaret en: Octubre 9, 2009
Ser diferente le hacía estar sola más veces de las previstas. Pero ella era como era y además le gustaba.
Vestía de rojo a menudo, pintaba sus uñas de azul, usaba tacones y sombreros y coloreaba su piel con tatuajes cuando llegaba el verano. Vendía mermelada en mercados medievales en las fiestas de los pueblos y navegaba por páginas de astronomía cuando se conectaba a internet. Dormía desnuda, cantaba al fregar la casa, decoraba las paredes, preguntaba en clase cuando dudaba, estiraba su cuerpo al despertar, pensaba en varios chicos a la vez. Se sentía sola y brillante. Algunos días no sabía quién era y la gente tampoco la reconocía. Era entonces cuándo estaba sola con ella misma y se hacía las preguntas categóricas a las que no siempre tenía respuesta: ni sabía quién era, ni adónde iba, ni cuándo iba a acabarse el mundo. No existía discurso previsto ni indicios de dónde buscar… anochecía…
Posteado por: Cabaret en: Octubre 6, 2009
Aquí los minutos se vuelven imprescindibles. Las estaciones de tren aceleran los relojes y el tiempo se precipita a las bocas de los pasajeros que apenas aciertan en su propio discurso, que no siempre tiene algo que decir. Las vías se desgastan, hierven bajo la atmósfera pesada de lo subterráneo, contaminada y viciada. Bajo los cohetes, los pájaros planean, redistribuyen el cielo y acechan los ínfimos pensamientos.
El tiempo retrocede. Cada segundo retoma el pasado: tic-tic-tic-tic.
La raza humana se vuelve lactante. Mama.
Posteado por: Cabaret en: Octubre 5, 2009
Los lobos han rodeado la ciudad. Han acabado con todo, hasta el puerto ha amanecido con cadáveres marinos entre los barcos, sin que nadie haya dicho nada. Seguimos con vida varios: un policía del distrito centro, cinco bomberos, algunos académicos de la lengua, tres botánicos, un japonés sin negocio y diez o doce parados. No nos explicamos como sobrevivimos a la masacre. Mientras los lobos devoraban a las familias nosotros no recordamos hacia dónde ni cómo conseguimos escapar, pero estamos contentos. La ciudad es ahora nuestra y podremos dominar hasta a los muertos, a quienes hemos decidido no enterrar, sino lanzar directamente al mar desde lanchas motoras o barcos de vela. Que el oleaje los lleve a otras costas o los peces se los coman. Todos sabemos que muertos hay por todos sitios. Nadie se extrañará.
Los supervivientes estamos felices. Aullamos a la luna y nos refugiamos en los bosques. Formamos una manada unida. Retornamos al origen.
Posteado por: Cabaret en: Septiembre 25, 2009
Marta tiene momentos de querer olvidarlo todo. Amanecer amnésica y cruzar las aceras con la vista fija en el asfalto. No mirar al cielo y descubrir topos en las bocas de metro. Marta algunas veces acude a su propio entierro. Mira su fosa, elige el acto de entrega, enumera los asistentes, las penas. Y entonces llora por su propia muerte, por el color del ataud, por los que no acudieron al entierro porque ya murieron antes que ella y quedaron colgados como espíritus en las goteras del salón. Marta tiene miedo casi tantas veces como ilusión y aunque las cuentas deberían sumar cantidades enteras, ella se siente número quebrado demasiadas veces y se pone a tararear en inglés para desaprender su propio idioma. En azul sueña su corazón con caballeros y ranas que hablan, pero que nunca saltan.
Odia en décimas de segundo. Desea en cuartos de hora. Se resbala por las baldosas, inunda los mares. Se evapora. Marta existe y desiste. Se mancha, aprienta el rostro contra la ropa, añora. La beso, la poseo, le miento sobre el futuro.
Posteado por: Cabaret en: Septiembre 13, 2009
El circo mantiene su única función de forma clandestina. Desempolva las sillas vacías, el maquillaje antiguo. Coloca autómatas entrenados en el público, aplausos y vocerío fingido, tan real como lo irreal. El circo murió con el viejo león enjaulado que miraba triste la luna, que oculta la plenitud de la risa. La magia se escurre de las telas bordadas del escenario y fuera alguien lamenta el hambre de las fieras, la fuga de los payasos y el último ticket arrugado. La bailarina se mira al espejo y se toca, desnudando cada esquina de su cuerpo. Sintiendo frío y temor.
Frío y temor.
Posteado por: Cabaret en: Septiembre 9, 2009
Algunas cosas son de mentira pero resulta más fácil enfocar la vista y retocar el paisaje, usar photoshop, reajustar y colorear la imagen de la forma más compatible a nuestra sintonia. Encuentro materiales de plástico donde esperaba tejido natural y lo natural se manifiesta sólo por segundos al cien por cien para reducir rápidamente su porcentaje. Por si acaso. Por si acaso qué. Los amigos le decían a Andrés que no se enamorara la primera vez, pero Calamaro a su bola, buscando naturalidades sin ton ni son, creyendo las mentiras por comodidad y porque sí, porque las mentiras a veces parecen verdad. ¿Y si lo fueran?
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